lunes, 31 de julio de 2017

Todos los días un helado... por lo menos

Si tenéis "una edad" como yo, el título de hoy os habrá llevado a pensar en plátanos. Hace muchos años el plátano de Canarias tenía una campaña publicitaria que decía: "Todos los días un plátano...por lo menos". Quiénes hayan pensado en esa fruta han acertado porque traigo unos helados cuya base es de plátano y solo de plátano. La textura es tan cremosa que parece que lleva nata. 

Estos helados los encontraréis en Internet como helados veganos o también helados ligth. El plátano tiene fama de ser una fruta que engorda, pero la realidad es que 100 g  aportan unas 90 calorías, si lo comparamos con las calorías que tiene cualquier helado comprado, ya me diréis si no podemos comernos uno de estos cada día.

El plátano congelado y triturado tiene un sabor muy neutro, así que lo único que hay que hacer para variar de sabor es cambiar "el acompañamiento" del plátano. 

Es imprescindible disponer de una trituradora, una buena batidora o un procesador de alimentos porque los productos que vamos a utilizar están congelados. Este tipo de helados se suelen elaborar para consumir en el momento, pero podéis hacer más cantidad y congelar la preparación. Yo pongo 100 g de plátano por persona y luego le añado 20, 30 o 40 g de otra fruta o fruto seco. Para endulzar el helado podéis usar sirope no miel. A mí me gustan más con miel. No utilizado edulcorantes, pero posiblemente estará bueno también. Es caso de que no uséis miel o sirope tendríais que poner una cucharada de leche (de vaca, de almendra o de la que queráis) para suavizar la crema.

A continuación daré tres ejemplos de sabores, pero las posibilidades son muchas. A pesar de lo que me gusta el chocolate, el sabor que resulta de mezclar el plátano con chocolate puro, que es una de las propuestas que hay en algunos blogs, no me gustó nada. La receta que hice fue añadir a 100 g de plátano  una cucharadita de cacao puro sin azúcar y una cucharadita de miel, y ya digo que no me convenció. Hice otra variación añadiendo una porción de chocolate al 70% y eso ya me pareció mejor, y si le dejáis trocitos de chocolate, todavía mejora más. Bueno, que es cuestión de probar combinaciones. Si os decidís a probar estos helados y hacéis combinaciones distintas de las que propongo, ya me contaréis qué tal resultan.

¡Besicos y sed felices!



Preparación previa:
Dispondremos de unos plátanos en su punto óptimo de maduración y los cortaremos a rebanadas de más o menos 1 cm. Los guardaremos en bolsas de congelar y los congelaremos por completo antes de usarlos.

 Como se puede ver en la fotografía yo los coloco bien ordenados hasta que se congelan y luego ya los guardo amontonados en la bolsa para que quepan más. Congelándolos así no se pegan las rodajas.

No hagáis mucha cantidad. Solo la que os vayáis a comer en una semana, porque pasado este tiempo el plátano se oscurece.

Ingredientes para un helado tropical individual:
  • 100 g de plátano congelado.
  • 20 o 30 g de piña congelada (en mi caso era fresca, pero puede ser natural en conserva).
  • 1 cucharadita de coco rallado.
  • 1/2 cucharadita de miel.

Elaboración:
  1. Colocaremos los ingredientes en una trituradora o procesador de alimentos y los trituraremos hasta que la textura sea cremosa.
  2. Lo consumiremos inmediatamente.

Ingredientes para un helado de frutos rojos individual:
  • 100 g de plátano congelado.
  • 40 g de frutos rojos congelados y unos pocos más sin congelar para adornar.
  • 1/2 cucharadita de miel.

Elaboración:
  1. Colocaremos los ingredientes en una trituradora y lo dejaremos hasta que la textura sea cremosa.
  2. Lo consumiremos inmediatamente.

Ingredientes para un helado de plátano con cacahuetes: Mi preferido, hasta el momento.
  • 100 g de plátano congelado.
  • 20 g de cacahuetes crudos y unos pocos más para añadirlos enteros o a trocitos.
  • 1/2 cucharadita de miel.
Elaboración:
  1. Colocaremos los ingredientes en una trituradora y lo dejaremos hasta que la textura sea cremosa. 
  2. Añadiremos cinco o seis cacahuetes a trocitos y los integraremos con una cuchara una vez hecha la crema.
  3. Lo consumiremos inmediatamente.
Una película:
Yo asocio los plátanos con el oso Baloo y aquella otra campaña del plátano de Canarias en la que se adaptaba la canción "Busca lo más vital" de la película "El libro de la selva" de Disney. En aquellos anuncios Baloo, y el grupo Parchís , cantaban: "El plátano, es sensacional, tan sano y fácil de pelar, tan rico y lleno de vitalidad, caramba, qué bueno que está, no hay ninguna otra fruta igual y a mí me gusta una bestialidad".

La película de Disney "El libro de la selva" es del año 1967 y fue dirigida por Wolfgang Reirherma. Adapta alguno de los cuentos que Joseph Ruyard Kipling incluyó en su libro "El libro de la selva" también llamado "El libro de las tierras vírgenes". Es una de mis películas infantiles preferidas y buena culpa de ello la tiene su genial banda sonora.

Dejo la canción "Busca lo más vital".

Un libro:
Como no puede ser de otra forma, el libro de hoy es "El libro de la selva o libro de las tierras vírgenes. Es una recopilación de relatos protagonizados por algunas personas pero sobre todo por animales humanizados. Se trata de relatos de aventuras que buscan un propósito ejemplarizante. Están ambientados en parajes exóticos. Los protagonizados por el niño lobo transcurren en la India, pero hay otros del círculo polar Ártico.

Rudyard Kipling lo publicó en 1894 en Bombay.

Dejo un párrafo en el que se cuenta qué es lo que Baloo enseñó realmente al cachorro humano:

Era el tiempo en que Baloo lo instruía acerca de la ley de la selva. Muy contento y ufano estaba el serio, viejo y enorme oso pardo con aquel discípulo tan listo, pues a los lobatos no les gusta aprender de la ley de la selva sino lo que se refiere a su propia manada y tribu, y se escapan en cuanto aprenden de memoria estas palabras de la Canción de Caza: "Pies que pisan sin el menor ruido; ojos que ven en plena oscuridad; orejas capaces de oír los diferentes vientos desde el cubil; blancos y afilados dientes: ciaracterísticas son todas estas de nuestros hermanos, exceptuando a Tabaqui, el chacal, y a la hiena, que odiamos."

Pero Mowgli, como hombrecito que era, tuvo que aprender muchas cosas más. Bagheera, la pantera negra, se acercaba en algunas ocasiones, curioseando por la selva, para ver cómo andaba su niño mimado; apoyaba la cabeza contra un árbol y escuchaba, roncando sordamente, la lección que Mowgli recitaba a Baloo. Trepaba el muchacho a los árboles casi con la misma facilidad con que andaba; nadaba casi con la misma habilidad con que corría. Por esto Baloo, el maestro de la ley, le enseñó las leyes del bosque y del agua: cómo distinguir una rama carcomida de otra sana; cómo debería hablar cortésmente a las abejas silvestres cuando, a quince metros sobre el nivel del suelo, encontrara una de sus colmenas; qué debería decirle a Mang, el murciélago, cuando tuviera que molestarlo entre las ramas, durante el día; cómo tenía que avisar a las serpientes de agua que viven en las lagunas, antes de lanzarse a las aguas, entre aquellas...

A ningún habitante de la selva le gusta que lo molesten, por lo que todos están siempre dispuestos a arrojarse sobre los intrusos. Mowgli aprendió después de todo esto la "Consigna del cazador forastero" que debe repetirse una y otra vez en voz alta hasta que sea contestada por alguien, siempre que alguno de los habitantes de la selva cace fuera de sus propios terrenos. La consigna, ya traducida, significa:
"Dadme permiso para cazar aquí, porque tengo hambre." Y la respuesta dice: "Puedes cazar para buscar comida, pero no para tu recreo."
Todo esto muestra las muchas cosas que hubo de aprender Mowgli de memoria; llegaba a cansarse de tanto repetir lo mismo más de cien veces. Pero, como le dijo un día Baloo a Bagheera, con motivo de que tuvo que pegarle al muchacho y éste se marchó enojado:
-Un cachorro humano es un cachorro humano, y tengo de deber de enseñarle toda la ley de la selva. 

    viernes, 7 de julio de 2017

    Sándwich helado de chocolate (sin heladera)

    Como el tiempo nos ha dado una tregua y no hace tanto calor, me he decidido a encender el horno para hacer las galletas de un sándwich de helado.

    La receta del helado se elabora sin heladera, usando la técnica que ya propuse el año pasado para un helado de queso y arándanos. Usaremos en la preparación leche condensada, pero no queda excesivamente dulce porque se añade cacao sin azúcar. A mí me parece que está buenísimo.

    Podéis dejar el sándwich con las galletas tal cual o ponerle chocolate de cobertura como he hecho yo. También podéis "tunear" la superficie del helado añadiendole al chocolate almendra o avellanas tostadas, o trocitos de chocolate. Otra opción para presentar el helado es sirviéndolo en un cucurucho de barquillo como veréis en la última fotografía.

    Fuente de la receta de la galleta: Cocina para todos.


    Ingredientes para las galletas:
    • 280 g de harina de todo uso.
    • 150 g de azúcar moreno.
    • 100 g de mantequilla.
    • 1 huevo.
    • ! cucharadita de extracto de vainilla.
    • 1 pizca de sal.
    Ingredientes para el helado:
    • 500 ml de nata para montar,
    • 300 ml de leche condensada.
    • 4 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar.
    • 100 g de chocolate negro en tableta (podéis añadirle más si os gusta mucho encontrar tropezones de chocolate).
    Cobertura de chocolate:
    • 125 g de chocolate para postres.
    • 1 cucharada de aceite de oliva.

    Elaboración:
    Galletas:
    1. Colocaremos en un cuenco el azúcar con la mantequilla a temperatura ambiente y la vainilla. Lo integraremos con las varillas eléctricas.
    2. Se le añade el huevo y se sigue batiendo.
    3. Agregaremos poco a poco la harina tamizada y la integraremos por completo con ayuda de una espátula o una cuchara de madera.
    4. Colocaremos la masa sobre papel film, la envolveremos y dejaremos que se enfríe durante por lo menos media hora en la nevera.
    5. Sacaremos la masa de la nevera y la extenderemos con un rodillo entre dos trozos de papel de horno hasta dejarla con un grosor de 4 o 5 milímetros. Pincharemos la galleta con un palillo para hacer los dibujos.
    6. Precalentaremos el horno a 180ºC con calor arriba y abajo.
    7. Con un cortante de aluminio, o con un vaso, cortaremos la masa.
    8. Colocaremos las galletas en una bandeja con papel de hornear y las hornearemos entre 8 y 10 minutos.
    9. Sacaremos las galletas del horno, dejaremos que se enfríen un poco y deslizaremos el papel con las galletas sobre una rejilla para que se enfríen por completo. No las saquéis en caliente porque se os romperán.
    Helado:
    • Montaremos la nata con unas varillas eléctricas hasta que esté en un punto muy firme (tiene que estar bien fría y el cuenco en el que la batáis también).
    • Batiremos con las varillas la leche condensada con el cacao.
    • Uniremos las dos preparaciones volcando poco a poco la leche sobre la nata y las integraremos con una espátula hasta que esté todo homogéneo.
    • Añadiremos los trocitos de chocolate y los distribuiremos con la espátula. 
    • Si queremos hacer sándwich, colocaremos la masa en un molde dejando un grosor de algo más de 1 cm. y dejaremos que se congele por lo menos durante un día.

    Montaje:
    1. Sacaremos el molde con el helado del congelador.
    2. Con el mismo molde que hemos cortado las galletas cortaremos porciones de helado y lo colocaremos entre dos galletas. Colocaremos el helado con el molde sobre una galleta y, presionando con los dedos, lo empujaremos sobre la misma. 
    3. Podemos congelar de nuevo las galletas.
    4. Si queremos ponerle una crujiente capa de chocolate usaremos el chocolate de cobertura fundido con aceite de girasol. Lo podemos fundir al baño María o con mucho cuidado en el microondas. Dejaremos que se enfríe un poco y untaremos una porción de la galleta. Dejaremos que se enfríe el chocolate por completo colocando las galletas sobre papel vegetal.


    Una película:

    Como los helados son para el verano...o no, pero me viene bien que así sea para elegir la película, propongo "Las bicicletas" son para el verano de Jaime Chávarri. Es una película de 1984. Es una película basada en la obra de teatro del mismo nombre escrita por Fernándo Fernán Gómez. Cuenta cómo afecta la Guerra Civil a la población, en este caso es una familia de clase media alta. Es una excelente película con muy buenas y conmovedoras interpretaciones.

    Un libro:
    Si hay algo que asocio con el verano y las vacaciones es el mar, así que os animo a que leáis un libro ambientado en una isla y en el que el mar es uno más de los protagonistas. Se trata de la novela "La isla" de Giani Stuparich. Es un libro en el que se aborda la incapacidad que tenemos los hombre para hablar sobre la muerte. La novela me gustó tanto por el tema como por el estilo sencillo y con algún toque poético. El tono es melancólico pero no melodramático, no me hizo llorar, aunque sí me entristecí y me vi reflejada por alguna situación que he vivido.
         Conocía bien la isla: la había recorrido entera, otras veces, a pie y circunnavegándola en arca de vela. Le gustaban especiamente algunos rincones, abruptos y pedregosos, con plantaciones de olivos; batidos por los cuatro vientos, olían a sal y a menta, con un mar inmenso delante y un cielo sin fin a la espalda. La parte salvaje, donde no había ni casas de veraneantes ni palmeras, le gustaba más. col las pequeñas y enjutas flores de las salvias y los enhiestos enebros, donde el mar penetraba sonoro en la escollera o se dulcificaba en escuetas y deliciosas ensenadas naturales.

         Al salir, había pensado buscar aquella mañana, para bañarse, uno de esos rincones solitarios. Recordó que no muy lejos, al final de la zona habiada, una vez dejados atrás los astilleros, la tierra se estrechaba, formando un istmo montañoso: a un lado el golfo, al otro enseguida el mar abierto. El agua era muy profunda y por allí merodeaban algunos tiburones, atraídos por las almadrabas de los alrededores. Nadie iba a bañarse por aquella parte. 

         Al llegar a la otra vertiente del istmo, lo embistió de golpe toda la potencia del viento, que no había imaginado que fuera tan fuerte. En seguida sintió la humedad de la sal en la boca y en toda la piel. Su mirada se perdió por la infinita extensión rizada de crestas espumeantes. Lo envolvió el sonoro alboroto de las olas que rompían contra la escollera. Dio algunos pasos y las salpicaduras del agua llegaron hasta él.